En un mundo cada vez más acelerado, con el estrés crónico como uno de los grandes males de nuestro tiempo, desconectar de la estresante rutina laboral e invertir tiempo en nosotros mismos y nuestras aficiones se presenta ante nosotros no solo como algo extremadamente deseable sino también como una estrategia “terapéutica” para nuestra salud mental. Incluso tenemos una expresión para representar su efecto: “Cargar las pilas”. Pero, dejando a un lado nuestras percepciones (que pueden ser engañosas), ¿qué dice la ciencia sobre los efectos de las vacaciones en la salud de las personas? ¿De verdad son beneficiosas para nosotros? Y, de ser así, ¿cuánto duran sus efectos?

Probablemente, el beneficio más inmediato y fácil de reconocer de las vacaciones sea la disminución de los niveles de estrés durante su transcurso en comparación con la rutina laboral. Puede sonar a perogrullada, pero hay estudios que se han enfocado en este asunto para conocerlo con más detalle, como uno realizado por la American Psychological Association y otro en 87 obreros manuales. Los resultados coinciden en que los niveles percibidos de estrés durante las vacaciones eran sensiblemente inferiores a los de la jornada laboral normal.

Además, en obreros, este efecto se mantenía durante cierto tiempo tras volver al trabajo pero, transcurrido alrededor de un mes, el estrés volvía a establecerse como antes de vacaciones. Así, tanto el burnout o síndrome del trabajador quemado como el absentismo laboral estaba menos presentes al volver de las vacaciones pero, pasadas alrededor de cuatro semanas, volvían a la normalidad pre-vacacional. Esta es una tendencia que se ha observado también en otros estudios. Tanto los sentimientos de felicidad y bienestar como los niveles de estrés vuelven a sus niveles normales tras la vuelta al trabajo en un plazo de días a pocos meses. En ese sentido, también el tipo y la duración de las vacaciones que se cogían los trabajadores influían en la duración de los efectos beneficiosos post-vacaciones.