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Corea del Norte destruye la oficina de enlace de comunicación con Corea del Sur

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El régimen de Pionyang ha confirmado hoy la destrucción de la oficina de enlace intercoreana como parte de su decisión de “interrumpir todas las líneas de comunicación” entre ambos países. La confirmación fue hecha por la agencia oficial norcoreana, KCNA, pocas horas después de que desde Seúl se informara de la destrucción de esas instalaciones.

“La oficina conjunta entre el Norte y el Sur quedó completamente destruida hoy”, dice el texto de KCNA. “Ya hemos interrumpido todas las líneas de comunicación entre ambas partes coreanas”, agrega la información. La destrucción de esa oficina fue anunciada en Seúl por el Ministerio de Unificación, que señaló que la acción se realizó a las 14.49 hora local (5.49 GMT), en la zona industrial de Kaesong.

Pionyang ya había amenazado hace unos días con destruir esta simbólica oficina en el marco de su reciente subida de tono contra Seúl debido al envío de globos con propaganda contraria al régimen por parte de activistas desde el Sur. Corea del Norte pareció ignorar el hecho de que el Ejecutivo sureño denunciara de inmediato a estos grupos de activistas para impedir que vuelvan a enviar panfletos y, por boca de Kim Yo-jong, hermana del líder norcoreano Kim Jong-un, advirtió el fin de semana sobre la posibilidad de demoler el edificio.

De hecho, minutos antes de la detonación, el ministro de Unificación surcoreano, Kim Yeon-chul, dijo ante la comisión parlamentaria de Exteriores que, al margen de las amenazas de Kim, el derribo había sido “preanunciado en parte” al país del sur por parte del régimen.

Oficina simbólica

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El Ejecutivo surcoreano convocó una reunión de su Consejo de Seguridad Nacional tras conocerse la noticia y al término del encuentro expresó en un comunicado que “lamenta profundamente” la acción norcoreana. La destrucción del edificio golpea “las expectativas de aquellos que desean impulsar las relaciones intercoreanas y establecer la paz en la península”, dice el documento, que dejó claro que “la responsabilidad de todos los incidentes que acarree (la acción de Pionyang) recae enteramente sobre Corea del Norte”. En ese sentido, Seúl advirtió de que si su vecino del norte continúa dando pasos para empeorar la situación responderá “con firmeza”.

Habilitada con un coste para Corea del Sur de casi 9 millones de dólares a finales del 2018 en la ciudad fronteriza norcoreana de Kaesong, la oficina supuso uno de los hitos del acercamiento diplomático emprendido ese año por ambos vecinos, técnicamente aún en guerra.

La apertura de esta instalación se acordó en la cumbre que en septiembre de aquel año mantuvieron en Pionyang el presidente sureño Moon Jae-in y Kim Jong-un, que se reunieron tres veces en el 2018, todo un logro teniendo en cuenta que en los 73 años anteriores los líderes de las dos Coreas solo se habían visto en dos ocasiones.

Encallados con la desnuclearización

Sin embargo, tras el fracaso de la cumbre sobre desnuclearización de Hanói de febrero del año pasado, en la que Washington consideró insuficiente la propuesta de desarme del régimen, Corea del Norte fue endureciendo su postura con EEU y, por supuesto, con su aliado, Corea del Sur.

Kim Jong-un y Kim Yo-jong

De hecho, el régimen del norte decidió retirar personal de la oficina de enlace para expresar su disgusto y la llegada del coronavirus pareció darle en enero la excusa perfecta para enviar a casa a los pocos funcionarios que aún trabajaban ahí de manera más bien testimonial. A lo largo de la última semana, Pionyang subió especialmente el tono con Seúl hasta desembocar en el gesto de enorme beligerancia visto hoy con la destrucción de la instalación.

Sin embargo, muchos analistas estiman que el envío de globos con propaganda es en realidad una excusa dentro de una estrategia diseñada de antemano por el régimen para tratar de atajar la delicada situación de su economía, afectada por la pandemia, y el aluvión de sanciones que pesan sobre Corea del Norte por sus pruebas armamentistas.

A los castigos económicos de la ONU, que desde 2016 ha ido endureciendo estas sanciones, se suma el hecho de que el hermético país asiático ha cerrado a cal y canto sus fronteras desde enero por el coronavirus, lo que ha hecho desaparecer los ingresos del turismo y minado la inversión extranjera.

Voz de alarma de la ONU

El relator de la ONU para la situación de los Derechos Humanos en Corea del Norte, Tomás Ojea Quintana, ya destacó la semana pasada la “alarmante” situación en ese país, marcada por la escasez de alimentos, la malnutrición de parte importante de su población y los efectos de la pandemia.

A su vez, el canciller norcoreano, Ri Son-gwon, condenó el viernes el hecho de que EE.UU no hiciera ninguna concesión a la hora de levantar sanciones sobre Pionyang pese a los gestos del régimen desde el 2018 (entre ellos la suspensión de pruebas nucleares y de misiles intercontinentales).

Ri advirtió de que, por ello, Corea del Norte buscará fortalecer su programa atómico, en lo que pareció un mensaje destinado a tratar de forzar el reinicio de las negociaciones sobre desnuclearización y, ante todo, sobre el posible levantamiento de sanciones.