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Las experiencias infantiles traumáticas cambian la percepción de los estímulos sociales en la edad adulta

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Las personas con experiencias de maltrato en su infancia tienen una percepción diferente de los estímulos sociales más tarde como adultos. Esto es lo que descubrieron los científicos de la División de Psicología Médica de la Universidad de Bonn. 

Las personas traumatizadas encontraron los estímulos táctiles menos reconfortantes que las personas sin trauma. También mantuvieron una mayor distancia social hacia los extraños. Además, los investigadores descubrieron cambios en la activación de ciertas áreas del cerebro. Los resultados pueden abrir opciones para nuevas terapias y ahora están publicados en The American Journal of Psychiatry.

Aquellos que fueron humillados, golpeados o abusados ​​sexualmente en la infancia tienen más probabilidades de sufrir enfermedades mentales como depresión o ataques de ansiedad en la edad adulta que las personas que se salvaron de estas experiencias a una edad temprana. 

Numerosos estudios demuestran esto. Pero, ¿Cuáles son las razones de esta mayor vulnerabilidad? ¿Las experiencias de violencia como un niño posiblemente conducen a una percepción permanentemente cambiada de los estímulos sociales? Científicos del Departamento de Psicología Médica del Hospital de la Universidad de Bonn (UKB) y sus colegas de la Universidad Ruhr de Bochum y Chengdu (China) han investigado esta cuestión.

Los investigadores entrevistaron a un total de 120 personas sobre sus experiencias con la violencia y las enfermedades asociadas. Un total de 92 adultos (64 mujeres) fueron incluidos en el estudio. El requisito previo era que los participantes no sufrían enfermedades neurológicas ni tomaban medicamentos para excluir estas influencias. 

Los científicos probaron la percepción sensorial acariciando la piel desnuda de las espinillas con una mano, ya sea con un movimiento rápido o más lento. “El tacto es de importancia central porque influye en el desarrollo del cerebro, proporciona una sensación del propio cuerpo y sirve como regulador del estrés”, dice el Dr. Dirk Scheele, de la División de Psicología Médica del Reino Unido.

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El contacto interpersonal está mediado por dos fibras nerviosas diferentes en la piel: las fibras Aβ transmiten la información sensorial y responden principalmente a toques más rápidos, mientras que las fibras táctiles C transmiten el bienestar emocional y se activan principalmente por toques lentos, explica la autora principal Ayline Maier. 

Los sujetos de prueba yacían en el escáner cerebral durante los experimentos y no podían ver al experimentador que realizó los movimientos. Tenía las manos en guantes de algodón para evitar el contacto directo con la piel. El sistema funcional de imágenes por resonancia magnética registró la actividad de las áreas del cerebro. Después de cada medición, se preguntó a las personas de prueba qué tan reconfortantes eran los toques.

En conclusión…

“Los resultados muestran que la percepción y el procesamiento sensorial de las personas con experiencias infantiles traumáticas han cambiado”, dice Scheele, que resume los resultados. 

Tocar es menos reconfortante en comparación con las personas sin experiencia en maltrato. Como muestran los análisis de control, no son las enfermedades concomitantes como la depresión o los ataques de ansiedad los responsables de esto, sino la traumatización en sí. 

“Sin embargo, este resultado también puede abrir oportunidades para nuevas terapias: las terapias complementarias basadas en el cuerpo en un entorno seguro podrían permitir volver a entrenar este procesamiento de estímulo”, sospecha Maier.