Yeison Santos, un joven con apenas de 18 años de edad, desde el sábado pasado su vida dio un giro de 360 grados cuando unos macheteros le cercenaron las dos manos y lo golpearon a palos en la cara. Y todo por una discusión durante un partido de baloncesto en el barrio Cancino Adentro.

Yeison era parte de un equipo de baloncesto del barrio Vietnam, en Los Mina, que se enfrentaba a otro equipo de Cancino Adentro, en un torneo organizado por dos iglesias evangélicas.

El objetivo de los organizadores era atraer a jóvenes a través del deporte y acercarlo a la iglesia. “Pero el demonio jugó sucio y las cosas terminaron como nadie lo esperaba”.

Desde su lecho en el hospital traumatológico, Yeison narró a los periodistas cómo ocurrieron los hechos. Perdió su mano izquierda (él es zurdo), los médicos lograron salvarle la derecha. Pero aún no se repone de los golpes y el trauma de la agresión y la actitud de uno de los vecinos que con solo abrirle una puerta para que se guareciera le hubiera salvado de sus agresores.

“Ellos (el equipo de Cancino Adentro) comenzaron a hablar de nosotros y a decir que no servíamos que no salíamos con ellos, pero la página se volteó cuando comenzamos a jugar, llegamos casi a 30 puntos a 5, luego a 60 o 50 y ellos solo 17”, narró Yeison.

“Ahí un amigo mío agarró la pelota y sin querer le rozó a uno de ellos y nosotros nos excusamos,   que no fue de maldad, es un juego, pero  él se llenó de odio, y dijo ustedes no van a salir de aquí hoy”, narra el joven que acaba de cumplir los 18 años.

“Luego vino un grupo en motores con machetes, nosotros  corrimos, volamos por un play que está al lado, volamos un malla grandísima, ahí también nos cortamos, corrimos, corrimos, yo solo escuchaba corre, corre, me metí debajo de una yipeta, pero uno de ellos me vio y gritó ´mira uno aquí abajo´”.

Cuando el miedo y la cobardía paralizan

Mientras era perseguido por dos jóvenes armados de filosos machetes, Yeison subió a hasta una casa que estaba en un segundo piso, pero no lo dejaron entrar.

“Le dije a un tipo que había ahí, déjeme entrar que nos van a dar golpes, nos van a matar, pero me dijo no tú no puedes entrar y ahí mismo cuando yo me volteé, uno de los tipos me di un machetazo en la mano zurda (el llanto lo obliga a hacer una pausa)…”

“…Si no es porque meto el brazo, me hubiera llevado la cara, cuando me tiró el segundo  machetazo metí la mano  derecha y también me la llevó, y me dieron un palo en la cara”, narra el jovencito a los reporteros de Telesistema que acudieron al Darío Contreras.

Con impotencia e indignación dice que herido, con una mano cercenada y la otra mal herida, se estaba desangrando y le dijo al hombre que estaba dentro de la casa y que fue testigo de todo que lo dejara entrar “…y ni así me abrió la puerta”. Por su expresión, la indiferencia y cobardía de este individuo  le duele tanto como el machetazo que le costó su mano izquierda.

Pero no todo el mundo es  tan cobarde e indolente, otro individuo, a quien tampoco conoce, se quedó junto a él y evitó que los macheteros  lo remataran, “porque ellos volvieron, era matarme que querían, y ni así el tipo me abrió la puerta, se quedó mirándome desde dentro y no me abrió la puerta”.

Víctor Rivera, asesor de prensa del hospital Darío Contreras, y quien pertenece a la misma iglesia adventista que el joven agredido, dijo que hasta el momento la Policía no ha hecho nada. Mañana irán a poner la querella formal a la Fiscalía.