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Tatuicardía, una nueva enfermedad que sólo padece una persona en el mundo: ¡Donald Trump!

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¿Qué tanto tiempo de su gris y rutinaria cotidianidad podría sacar un ejecutivo o gerente de empresa para compartir sus criterios y nuevos aprendizajes con el resto del mundo a través de las plataformas digitales? Pero también no se nos puede quedar preguntar: ¿Qué tan correcto sería que un CEO capataz de célebres íconos del capitalismo, desde una manzana hasta las arcas de un gran banco como el JP Morgan Chase, de a conocer todo lo que piensa con solo activar el triángulo de la comunicación digital: idea-dedos-pantalla? 

Quizás el gerente no tenga tiempo para textear en sus redes, tal vez el CEO no deba alertar a su competencia a través del supino acto de decir todo cuanto piensa, no obstante, tenemos al Presidente de la nación más poderosa del mundo haciendo precisamente eso.  ¡Seguir y tener como favorito a Trump en Twitter es una tortura! En un abrir y cerrar de ojos este hombre puede saturar tu pantalla de notificaciones con sus mensajes hasta frisar el móvil.

Daría la impresión de que estamos frente a un analista con el más sensible estado de alerta ante todo cuanto ocurre en el mundo, con la capacidad de activar su mente, sus dedos y celular a una velocidad única.  Podemos catalogar esto como un don o más preocupante aún: ¡Una enfermedad!

A ratos el magnate puede mostrar un acelerado ritmo de ideas, ¡estas navegan por diversos puertos del acontecer social, político, económico y hasta cultural! El catálogo intertextual de este señor parece no tener parangón. Desde el norte de Corea hasta la crisis migratoria con su vecino México, sus dedos parecen no tener fronteras. Trump tuitea tan fácil y orgánico como el compaginado latir del corazón. Postea con agilidad cardíaca palabras, frases y temas, podrían pasar una o dos horas sin tener novedad de él pero al igual que la taquicardia, ataca de forma repentina, acelerando con ello el ritmo de la tuitósfera.  Es como si Trump mismo padeciese súbitos cambios en su ritmo cardíaco y estos a su vez en medio de la ansiedad le den por escribir y postear en la red del pajarito.

El cuadro ya descrito nos lleva a hacer un llamado a todos los organismo multilaterales que elaboran los estándares de salud en todo el globo, desde la Organización mundial de la salud hasta la organización norteamericana de psicología y de ñapa hasta la FDA, Trump padece una enfermedad, de la cual él es portador único en el tumultuoso planeta tierra, una patología hija de nuestros tiempos, pero que solo podía darse en una persona cuya conjunción de soberbia mercurial y arribismo repentinamente exitoso en el más colosal de los contextos podía propiciar: su enfermiza capacidad de posteo, siendo un individuo que presumimos no ha de tener tiempo dado su cargo para tales nimiedades, desnudando sus pensamientos como Kim Kardashian lo hace con su cuerpo sin reparo en la reacción o el tintineo del qué dirán es el cuadro clínico consumado de este nuevo padecimiento. Ya sabíamos la humildad no era una de sus virtudes, ahora también acabamos de conocer que sufre una enfermedad que su poder y millones lejos de prevenírsela, desde lo más intrincado de su ser, Donald Trump padece Tatuicardia, y la verdad sea dicha: ¡nadie más indicado que él para padecerla!